miércoles, 2 de abril de 2014

"MI MAESTRO DE LA MÚSICA, D. TOMÁS UREÑA RUIZ"

"MI MAESTRO DE LA MÚSICA, D. TOMÁS UREÑA RUIZ"

Hace a penas unas horas que he recibido la inesperada noticia de su pérdida, querido Maestro y amigo. Me encontraba en clase; no me lo podía creer. Rápidamente me puse en contacto con amigos para contrastar la noticia. Se confirma. De pronto entro en shock.
Lo siguiente es regresar a casa, Écija, y durante el trayecto desde Sevilla, no hago otra cosa que buscar en mis recuerdos muchos de los inolvidables momentos vividos con usted. No puedo evitar llorar en varios momentos, claro, mi conciencia hace justicia y reconoce que, gracias a usted, el "veneno" de la música infectó todo mi ser y fue el germen de lo que más tarde sería, hoy día soy, y mañana seré como músico, y por qué no, como persona.
¿Se acuerda del primer día que fui a hablar con usted junto a mi familia para inscribirme en su escuela de música? Mi hermano ya se había adelantado a mí un tiempo antes. Era a principios de los años noventa. Comenzaron las clases, rápidamente supo ver en mi ciertas aptitudes, y no vaciló ni por un momento en apoyarme y alentarme. Era un niño de a penas doce años con una ilusión pasmosa por aquel mundo nuevo. Primero la teoría y el solfeo, y luego el instrumento (...) Seguramente, fascinado por su virtuosismo con su querido e inseparable bombardino, fue lo que despertó en mí esa atracción por dicho instrumento. Al mismo tiempo me causaba muchísimo respeto. Pero claro, mi familia en un primer momento, no se podía permitir el lujo de comprar ese instrumento con aquellos precios. Le faltó tiempo a  usted para prestarme su bombardino...Con qué cariño, con qué amor se desprendió de él: este niño no se puede quedar sin "pito". Pasaron los meses, hasta un año, y mi pasión iba a más, a más, a más. Tanto es así, que usted y yo estrechamos una amistad cercana a la paterno-filial. Se sucedían mis visitas a su casa. Aún recuerdo la primera vez, acompañado de mi madre, cuando en aquel humilde piso conocí a su difunda esposa Micaela. "Esta es mi señora, ¿pues no tiene nombre de borrico? Qué risas...No he conocido en mi vida una mujer tan dulce como la suya, siempre con tantísima amabilidad, siempre con la sonrisa en la cara; una gran mujer, la cual también sentimos su pérdida. A partir de esa visita acompañada vinieron otras ya en solitario. Me encantaba pasar las horas en su casa hablando de música; viendo cuadros conmemorativos; placas de reconocimientos como es la de hijo adoptivo de Puente Genil -porque no olvidemos que es natural de Torredonjimeno, Jaén-; fotos de músicos y amigos que se fueron; partituras antiquísimas; sus transcripciones y recuperaciones de pasodobles, marchas, zarzuelas, etc, para la banda municipal o la banda del Imperio Romano de nuestro pueblo.
Llegó a tal punto mi pasión por la música en tan poco tiempo, que incluso me llegaste a prestar las llaves de la Corporación Bíblica "Los Ataos" para que en verano, que no se daban clases, me fuera a tocar su bombardino todos los días que quisiera. De vez en cuando aparecía para escucharme y corregirme. Lo que daría por volver a aquellos años...¿Se acuerda cuando los vecinos les daba las quejas por mi culpa? Claro, es que me iba a tocar hasta cuando era la siesta. Le importaba realmente un "pimiento" las quejas de los vecinos, y lo único que me decía es que tocase una hora más tarde de la siesta. Para usted, su alumno estaba antes que muchas cosas.
Comencé a "despuntar" con el bombardino, y cada día me traía métodos nuevos para este instrumento. "Niño, toma esta método y cuídalo. En mis tiempos, este método se utilizaba obligado para oposiciones de bandas municipales". Incluso se acordará de aquellas partituras virtuosas de violín, clarinete, requinto, etc, que usted adaptaba y que interpretaba brillantemente con sus tres cilindros. Se veía claramente que se reflejaba en mi persona, aunque permítame y por respeto, salvando las distancias. En aquellos tiempos era una auténtica esponja musical. Ahora mismo me estoy acordando de una cosa, y no puedo evitar emocionarme. ¿Se acuerda cuando me decía? "Niño, tráete los ejercicios tal y tal de este método, que va a venir Rafael Morales (que en paz descanse) y Joseito López a escucharte. En la habitación de mi cuarto tocando hora tras hora para estar preparado para aquella importantísima cita. Qué caras aquellas, las de esos respetables y admirados músicos cuando me escuchaban tocar, ¿y la suya? Qué cara de satisfacción, qué orgulloso de su alumno. Momentos como estos, son los que agradezco a la vida haberlos vivido.
Fueron pasando los años, y ya en mi adolescencia, cuando contaba con 16 años, surgió un malentendido entre nosotros que provocó nuestro distanciamiento. Los que conocen los motivos saben que fue una tontería sin más, pero en una primera instancia, sufrí muchísimo por aquella situación que no entendía muy bien. Querido Maestro, nunca se lo he dicho, pero distanciarme de usted fue uno de los momentos más dolorosos que había sufrido hasta entonces.
La vida continuó, yo comencé a estudiar trombón de vara lejos de usted. Al poco tiempo accedí al conservatorio de grado medio de Sevilla. Aunque seguía queriendo a mi bombardino, el trombón también me cautivó e inicié una nueva vida musical. Todo iba de maravilla, estudiaba muchísimo, tocaba con bandas, con orquestas de variedades, con grupos de todo tipo, e incluso llevaba algún tiempo componiendo para mi banda de viento metal y percusión que fundé por aquellos finales de los noventa.
Me sentía un poco frustrado porque no podía compartir todas mis nuevas experiencias con usted. Cuántas veces nos hemos cruzado por la calle, y cuántas veces he procurado cruzarme con su mirada para provocar el reencuentro...No sé por qué, pero uno por el otro, no lo conseguíamos. Y cada vez que sucedía esto, más dolorosa me resultaba dicha situación. Además, siempre que pasaba por su piso, ponía mi vista en la ventana a la cual solía asomarse. Es más, cuando pasaba por su puerta junto a mi recién fundada banda acompañando a algún cortejo, mi mirada de nuevo a su ventana. Y ahí estaba usted. Solo me quedaba el consuelo de saber que, por mediación de amigos, me llegaban comentarios de usted como: "su banda suena muy bien. Ese niño es un buen músico".
La vida pasaba y yo cada vez más fuera de Puente Genil. Ya a penas lo veía, pero siempre me venía su recuerdo, siempre lo volvía a comentar con mis padres y hermanos, amigos, e incluso con la que hoy día es mi mujer. Aunque vuelvo a repetir que fue una tontería la que ocasionó nuestro alejamiento, todo se fue transformando como un cierto sentimiento de culpa.
Pues bien, pasaron muchos años más, y todo ese sentimiento de angustia y cierta culpabilidad, fue disipado el pasado año 2012, cuando en un concierto en nuestro Puente Genil, nos volvimos a reencontrar, ¿se acuerda? Era un concierto de la banda sinfónica de Córdoba que recientemente había grabado un disco de música procesional que incluía una marcha de mi autoría, "Angustiarum Plena", entre otros autores. Me acuerdo perfectamente que lo ví en la propia entrada del teatro. A mi mujer, rápidamente la avise de su presencia, presencia que no esperaba por otra parte. La situé, recordándole que usted fue mi maestro, que por una tontería nos distanciamos, y que me gustaría reencontrarme con usted. Mi querida esposa, sin pensárselo dos veces me propuso ir sin dilación a saludarlo. Maestro, perdóneme, pero estaba nervioso, seguía teniéndole tal respeto que me superaba. Nada, me armé de valor y fui en su encuentro. ¡Querido maestro D. Tomás! No sabe la alegría que me produce volver a verlo después de tantos años. Después de este saludo fue: ¿me permite darle un abrazo, por favor? Usted respondió: ¡hombre, claro! Dios mío, lo que hubiera dado por detener el tiempo en aquel momento. Qué sensación de paz, de reconciliación...No puedo dejar de llorar ahora mismo recordando aquel momento.

Gracias Dios mío, gracias por provocar aquel encuentro con mi Maestro de la música D. Tomás Ureña Ruiz.

Y bueno, ya lo sabe, querido Maestro y amigo, aquel día fue uno de los más felices de mi vida y sé, que para usted de alguna manera, también lo fue. Solo espero, llegado el momento de partir, reencontrarme de nuevo con usted y fundirme en otro interminable abrazo.

Hasta siempre, y gracias por brindarme la oportunidad de conocer algo tan realmente maravilloso como es la Música.

Descanse en la gloria del Señor.

Su alumno, Antonio Moreno Pozo.